27/03 The Joshua Tree

Sìí, el título de esta entrada es también el del disco que convirtió a U2 en superestrellas mundiales. Pero no solo eso.

La jornada ha empezado, para variar, a las 8:30, cuando nos hemos juntado todos para desayunar, esta vez en el Denny's que había junto al hotel. Aunque oyéndonos cualquiera pensaría que no vamos a otro sitio, era sólo la tercera vez que íbamos a uno; una para cenar y dos a desayunar. Para celebrarlo, Tereixa se ha dejado el móvil allí y ha habido unos instantes de tensión hasta que lo ha recuperado.

El plan de hoy consistía en ir hacia Los Ángeles, pero con algunas paradas en el camino. La primera, en el Parque Nacional de Joshua Tree, para lo cual volveríamos a dejar la interestatal y cogeriamos la ruta 66. No hemos querido echar gasolina en Needles porque estaba muy cara, sobre $3,80, pero al salir de la interestatal ya íbamos en reserva. A $4,99, oiga. Y en Kingman la habíamos llegado a ver a $1,85. Como veis, las oscilaciones de precio son enormes. En fin, hemos echado tres galones nada más, a la espera de mejores precios.

A lo largo de la ruta, que corre por el desierto, fuimos viendo palabras que la gente escribe con piedras en los taludes. Kilómetros y kilómetros. En algunos casos, con piedras de colores; es obvio que la gente se las trae de casa. Debe de ser alguna tradición que desconocemos. No las leíamos bien porque estaban escritas en el sentido contrario a nuestra marcha, pero la mayoría parecía ser simples nombres.

No, mucha circulación no había

Finalmente, con un poco de vacilación, llegamos al centro de visitantes que hay en el pueblo de Joshua Tree, cerca de la puerta oeste del parque. Allí la gasolina estaba a $2,60 y llenamos el depósito. Cogimos algún mapa, chupamos un poco de wifi y al parque.

El Joshua Tree, o árbol de Josué, no es un árbol concreto, sino una especie; técnicamente, ni siquiera es un árbol. Es una herbácea en forma de árbol, como la palmera. A los colonos mormones que iban por la zona la planta les recordó a Josué en el desierto, levantando los brazos a dios, y ahí se quedó el nombre.

Si ellos dicen que esto parece un señor, pues bueno

Algunos ejemplares tienen muchas ramas, pero otros solo tienen dos o tres, incluso muchos son solo un poste con un penacho.

Recorrimos la mitad norte del parque en coche, parando en algunos sitios como Hidden Valley o Jumbo Rocks. Aquí, con un par, Tereixa y Lorena se cogieron la chaquetica. En medio del desierto, oiga. Y todo porque soplaba un poco de viento (nada que ver con lo del cráter del día anterior). En fin, la llevaron en la mano.

Acabamos saliendo por la puerta norte, que da al pueblo de Twentynine Palms, por donde habíamos pasado antes. Deberíamos haber hecho el recorrido al revés, pero nos liamos. Y ya seguimos camino, pasando de nuevo por Joshua Tree, hasta Palm Springs.

Palm Springs es un sitio elegante de vacaciones; pensad en Marbella, pero sin playa. También vive allí mucha gente durante todo el año. Hoy se ha quedado un poco anticuado, pero sigue teniendo su encanto. Nos metimos en una terraza a tomar algo y que Lorena, que va recuperando el hambre, se comiera un ceviche. Esperaba que nos metieran un clavo importante, pero no fue para tanto.

Y ya no volvimos a parar hasta llegar a nuestro motel en el centro de Los Ángeles. También aquí esperaba lío de tráfico, pero no lo hubo. En cuanto quise darme cuenta, estábamos en nuestro motel en plena Chinatown. Pero no nos quedamos a admirar el barrio: descansamos un poco y nos fuimos a Hollywood.

Primero preguntamos a nuestro recepcionista chino cómo se iba al Paseo de la Fama. Nos lo indicó en el mapa con cierta dificultad, no parecía haber ido nunca. Y tampoco tenía idea de si había algún autobús que nos llevara o cuánto nos podía costar un taxi: él iba a todas partes en su coche. Como los demás habitantes de esta ciudad. O de este país. El transporte público de los Estados Unidos es bastante malo porque no lo usa casi nadie. Bueno, el avión sí que se utiliza con frecuencia, pero ya está. El tren es cosa de frikis y el autobús o el metro, de pobretones. La excepción es Nueva York, como para tantas otras cosas.

Así que cogimos el coche y llegamos sin problemas al teatro Dolby, donde se entregan cada año los Oscar. Y nos pusimos a recorrer el paseo mirando las estrellas del suelo, como turistas. Es decir: como todas las demás personas que había allí, salvo los artistas callejeros. Tereixa y yo queríamos ver la de Art Mooney, pero no tuvimos éxito. A cambio vimos muchísimas más. Aquí os dejo una para mi amiga Diana.

Para los demás: este señor fue el creador de Star Trek

Ya era bastante tarde y subimos a cenar a un restaurante italiano que hay en el centro comercial del Dolby. Más caro de lo que había sido habitual durante nuestro viaje, pero muy bien. Y nuestro camarero mexicano también contó con la aprobación de las chicas (todas ellas heterosexuales) del grupo.

Y aquí acabó nuestro día. Volvimos al motel ya hechos mixtos; tanto que ni siquiera fui capaz de escribir esta entrada. En fin, con un poco de retraso, pero aquí la tenéis.

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