23/03 Viva Las Vegas
Bien, digámoslo ya en el primer párrafo: Las Vegas es la ciudad más excesiva y hortera del mundo. Sinceramente, no entiendo a la gente que dice que Las Vegas le ha decepcionado; puede no gustarte, puede horrorizarte, pero ¿decepcionarte? ¿En qué puede quedarse corta?
Como esta no es, realmente, una ciudad de mañanas, hemos quedado a las 9:30 para ir a desayunar. Casi hemos repetido en un Denny's, pero había mucha cola y hemos acabado en un tenderete del Fashion Show, un mall a cosa de un cuarto de hora del hotel. Como era menos brutal que otras veces, Tereixa y Edurne han complementado la cosa con una crepe que no cabía en el plato. Eso sí, con frutitas.
Y entonces hemos caído víctimas de la vorágine consumista. Nos hemos dedicado a comprar por las tiendas del mall. Yo, tres pantalones y un montón de cosas para el iPhone. Las demás, bueno, que os lo cuenten ellas, si quieren. Pero todos hemos acabado con unas cuantas bolsas, así que nos hemos vuelto al hotel a dejarlas. Y, de paso, a tomar el sol un rato en la piscina. Al menos, Edurne y Tereixa. Lorena y yo nos hemos quedado descansando en las habitaciones.
A todo esto, uno de los que ha intentado vender cosas a Tereixa ha resultado ser fan del Celta. Era un israelí que se aficionó en los tiempos de Revivo, pero aún seguía el equipo y conocía los jugadores actuales. Jo, están por todas partes.
Mientras estábamos en el hotel oíamos que al lado estaba tocando un grupo de versiones. Supongo que les pagaban por canción, porque las tocaban a toda pastilla. Parecían los Ramones.
Y me ha llamado mi amigo Carlos, que vive en San Francisco y a quien había dejado un mensaje. Con un poco de suerte, podremos vernos allí antes de volver a Madrid. Hace muchos años que no lo veo.
Bueno, tras el rato de descanso era hora de volver a salir. Hemos empezado por el O'Shea, el bar irlandés de nuestro propio hotel. Tiene muchas mesas, pero de juego. Sobre todo, de black jack. Pero también había alguna normal donde nos hemos tomado unas cervezas y luego hemos ido a mirar las partidas. Entonces Tereixa se ha dado cuenta de que se había dejado la cazadora en la banqueta en que estaba sentada; alguien más la ha visto, porque ya no estaba. Un chico que estaba por ahí limpiando nos ha preguntado si buscábamos la chaqueta y luego ha ayudado a Tereixa a buscar a alguien de seguridad, gracias a lo cual ha acabado recuperándola. Muy majete el limpiador cubano. Y, para celebrarlo, las chicas se han gastado la redonda cantidad de un dólar en las tragaperras.
El plan que tenía Edurne para el resto de la tarde coincidía con las recomendaciones de Carlos: Fremont Street y las fuentes del Bellagio. Así que hemos cogido el autobús hacia la parte vieja de Las Vegas, que está al norte del Strip.
Podríamos decir que Fremont Street es un Las Vegas en pequeño si no fuera porque, claro, es Las Vegas. La parte principal de la calle, la llamada Fremont Street Experience, está totalmente cubierta por una enorme pantalla de televisión en forma de bóveda y flanqueada por casinos, restaurantes, bares y tiendas. También tiene muchos músicos callejeros y algunos escenarios donde actúan artistas contratados. Nosotros hemos estado un rato viendo a Spandex Nation, a quienes podríamos definir como los Gigatron de Las Vegas.
Nos íbamos ya a buscar un sitio para cenar cuando han apagado las luces de la calle y ha empezado un audiovisual en la tele del techo. En esta ocasión, sobre The Who, anunciando su gira americana de dentro de dos meses. Fremont Street nos ha gustado más que el Strip, la verdad,
Hemos cenado en un casino, el D! (Yo, un Philly steak, que llevaba unos días dándole vueltas), hemos visto una contorsionista, luego otro rato a Spandex Nation y, finalmente, otra vez al autobús para bajar hasta el Bellagio a ver las fuentes. Justo a tiempo: a esas horas hay un pase cada cuarto de hora y nosotros hemos llegado un par de minutos antes de empezar. No es una bestialidad, pero es bastante bonito. En este caso, una coreografía acuática sobre la música de Billie Jean.
Y ya vuelta al casino sin muchas ganas de nada, así que mi intención de jugar alguna partida al black jack se ha quedado en nada y ya estamos en la camita. Mañana por la mañana dejamos Las Vegas, ya os contaré.




Comentarios
Publicar un comentario