20/03 Mist Trail

Ayer os dejé con la duda de si iba a encontrar mi tienda o no. Acabaré con esa duda: sí, la encontré sin problemas. Y con la puerta cerrada. La puerta cierra por fuera con un candado que, obviamente, estaba quitado; pero por dentro hay un pasador y mis amigas lo habían echado. En fin, tuve que aporrear la puerta varías veces hasta que Edurne se levantó gruñendo y blasfemando, que estas tías me habían dicho que dejaban la puerta abierta, y mira.

Esta mañana a las siete, cuando ha salido el sol, nos hemos levantado los cuatro y Lorena ha confesado que ella cerró cuando se iba a poner el pijama y luego se le olvidó volver a abrir. Edurne no estaba contenta.

Encima, la pobre había pasado mala noche porque la calefacción no funcionaba. Resulta que Tereixa tenía calor y la había apagado.

Edurne quería matar a alguien.

Así que nos hemos ido a desayunar para evitar una desgracia. Esta vez, nada que ver con el día anterior. Café con leche, cereales, pastas, alguna fruta... No es que nos hayamos vuelto frugales, es lo que había. Pero hemos desayunado bien. Y mañana nos vengaremos.

Aun tomándonoslo con calma, antes de las nueve ya estábamos de camino hacia Mist Trail, el sendero que nos habían recomendado el día anterior (incluidas nuestras amigas de Salamanca, que lo acababan de hacer). El sendero se llama así, no porque suela haber bruma, sino por el aerosol que levantan las cascadas que hay en él. Un poco empinado, pero todo pavimentado, así que se hacía cómodo. Y así hemos llegado a Vernal Fall. El día del equinoccio vernal, qué apropiado. Realmente, esta es la mejor época del año para ver las cataratas de Yosemite, porque están en su caudal máximo a causa del deshielo. Y Vernal Fall es una catarata fantástica. Casi cien metros de caída vertical con bastante caudal y una vista excelente desde el sendero. Si venís a Yosemite, no os la perdáis.

Lo de arriba son unos árboles bastante hermosos, no unos arbustillos

Claro que ahí se ha acabado el sendero cómodo. Empezaba el tramo de escalones de piedra hasta la cima de la cascada. Para subir cien metros (en realidad, bastantes más, porque al final hay una bajada), podéis suponer que son muchos. Y mojados. Pero arriba hay una zona bastante amplia donde puedes descansar, tomar el sol y lo que quieras. Eso hemos hecho, claro.

Y luego, hacia Nevada Fall, la siguiente catarata del sendero. Todos menos Lorena, que ha decidido que ya había subido bastante y se quedaba allí. Aún no eran las once, así que Tereixa y Edurne han calculado que a la una estaríamos de vuelta. ¿Tendrían razón?

El sendero volvía a ser llano, aunque ya no pavimentado. Ni siquiera bien señalizado, pero no había demasiada ocasión de perderse. Y pronto hemos empezado a ver la gran catarata. Con 180 m de altura, es casi el doble de alta que Vernal Fall, pero ya no es una lámina vertical. Al poco de empezar la caída, el agua choca con una piedra y se dispersa, lo que da un cierto aspecto de nieve que da nombre a la cascada. La vista desde el sendero no es tan buena y, de hecho, no hay ningún punto desde el que se vea entera, pero sigue valiendo la pena.

Como tobogán de aquapark, no está mal, ¿verdad?

Y, ups, vuelve a haber escalones hasta arriba. Más irregulares y empinados, pero aquí hemos venido a jugar. Con algunas paraditas para descansar, hemos conseguido llegar arriba y hemos tendido premio. Otra zona de descanso aún más grande y con una vista impresionante.

Aunque, para impresionante, una pareja de funámbulos que han echado una cuerda de punta a punta de la cima de la cascada y se ha puesto a hacer equilibrios y caminar por la cuerda floja.

200 metros más abajo está el río

Si alguna vez encuentro la forma de subir vídeos al blog, tengo uno.

En realidad, les he sacado tantas fotos y he grabado tantos vídeos que he petado la memoria del teléfono y ya no he podido hacer más, ni aun borrando algunos. A ver cómo lo arreglo.

Al final hemos decidido volver. La bajada, por cierto, ha sido más fácil de lo que pensábamos y, pese a haber estado media hora larga en la cima, hemos vuelto con nuestra amiga a la una en punto. Buen ojo, chicas.

Hemos comido con lo que habíamos comprado el día anterior (bagels con cosas, plátanos y barritas de cereales) y para abajo. Al parecer, a la hora en que subía la mayoría de la gente. Bajar los escalones de Vernal Fall ha sido complicado porque nos cruzábamos con una avalancha. Pero bueno, lo hemos conseguido y el resto del descenso ha sido más sencillo. Si no sois muy de andar por el monte, podéis saltaros Nevada Fall, pero, de verdad, no os perdáis Vernal Fall.

Hemos llegado a Half Dome Village sobre las tres, bastante cansados, así que nos hemos premiado con unas cervezas. Y a las cuatro había que decidir si hacíamos el otro sendero que habíamos pensado, antes de quedarnos sin sol. Lorena y Edurne han preferido quedarse, pero Tereixa y yo nos hemos ido hasta Mirror Lake, un lago que hace honor a su nombre. Es como un espejo en el que se reflejan las montañas que lo rodean, entre ellas el Half Dome. Hay varias montañas en la zona cuya cima tiene forma de cúpula (dome), pero la de esta solo tiene media, la otra mitad está rota.

Vale, la foto es cutre y oscura, pero el nombre del lago queda claro, ¿no?

A las seis ya estábamos de vuelta y, tras un descanso en la sala común, hemos ido por la pizza de la cena. La cola, claro, era mucho menor que la del día anterior y, además, hemos decidido quedarnos a cenar en la sala en lugar de ir al comedor. Con otras cervecitas, por supuesto.

Y después a dormir, que hemos llevado mucho tute. Bueno, igual que ayer, las chicas se han ido antes y yo me he quedado escribiendo el blog. Mañana os contaré si me han dejado la puerta abierta o Edurne asesina a alguien.

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