24/03 El Cañón del Antílope
CEl Hoy teníamos otra jornada de viaje, aunque, como en nuestro desplazamiento largo anterior, teníamos una visita intermedia. En esta ocasión, al Cañón del Antílope, en inglés Antelope Canyon.
El día no ha empezado muy bien. Tereixa me ha despertado: venga, que hemos quedado dentro de media hora. Pego un brinco, miro el reloj... las 7:10. Tereixa, hemos quedado a las nueve menos cuarto. En fin, no la he matado, ni nada, porque soy todo bondad.
El caso es que, tal como habíamos planeado, a las nueve ya estábamos en marcha. Primera parada, como siempre, el desayuno. Ya en la carretera hemos parado en un Iron Skillet; un sitio en el que, como su nombre indica, te sirven la comida en sartenes de hierro. Otra vez hemos tenido camarera maja, en este caso latina. Nos hemos reído bastante con ella. Y hemos vuelto a echar gasolina barata. En fin, os dejo una foto de nuestra ligera refección.
Lorena era hoy nuestra conductora, así que yo iba de copiloto. Teníamos que estar en Antelope Canyon antes de las tres y según el TomTom llegaríamos sobre menos cuarto. Pero me ha entrado una duda terrible. He mirado la Wikipedia y, en efecto,,,
- Chicas, me temo que en Arizona es una hora más que en Nevada. No llegamos.
- Pero si lo he mirado varias veces y todo estaba bien...
Esta última era Edurne, que había organizado esta parte del viaje. Así que he seguido mirando y sí, la hora de Arizona es UTC-7, mientras que la de Nevada y California es UTC-8. Pero resulta que en Arizona no tienen horario de verano. Por tanto, ahora mismo los tres estados tienen la misma hora. Uf.
Como Lorena anda un poco resfriada, al cabo de un par de horas me ha pedido el relevo. Hemos hecho una parada técnica en una tienda muy grande de Harley Davidson donde igual te vendían una moto que una gorra. O una camiseta como la que se ha comprado Tereixa.
Y ya he continuado yo al volante, con mi copilota dormida al solecito. Por un paisaje desértico bastante monótono que alternaba el norte de Arizona y el sur de Utah. Pero, poco a poco, se iba haciendo más interesante con la aparición de las típicas mesas, esas montañas planas que tantas veces hemos visto en las películas del Oeste y que son propias del desierto de Mojave.
Y así hemos llegado a Page, donde tiene su oficina la agencia de los navajos que explota el cañón. Antelope Canyon está en una reserva de los indios navajos. Si quieres visitarlo, tienes que contratar una visita guiada con ellos. No, esta vez no fue una improvisación, Edurne la llevaba organizada desde España. No es barato: sales a casi $50 por persona.
La pobre Tereixa anda con las tripas un poco revueltas y el viaje en camioneta por el desierto no la ha ayudado mucho. Los demás pensábamos que la pobre iba a echar la pota. Pero no, ha aguantado. No es fácil hacer que esa chica vomite.
Bien, el motivo de que no se pueda hacer la visita de forma independiente es doble. Por un lado, hay una limitación de espacio; por otro, hay un cierto peligro. De vez en cuando, el cañón se inunda y ha muerto gente por ello. Así que ahora no te dejan ir solo. Bien, nuestro guía parecía bastante aficionado a la fotografía, porque durante todo el recorrido (unos 400 m) no hacía más que sugerirnos ángulos para hacer fotografías. Desde luego, el cañón es muy fotogénico. Aunque Edurne no estaba muy contenta porque el guía no nos daba ninguna explicación sobre cómo se había formado o su historia. A mí también me habría gustado que lo hubiera hecho,
Antelope Canyon es un cañón de ranura, formado por la filtración de agua desde arriba. En algún sitio no pasa del metro de ancho, aunque llega a los 35 de alto. Pero no es claustrofóbico. Y sí muy bonito. Sobre todo, si os gusta la fotografía lo vais a disfrutar mucho.
Ya nos han llevado de vuelta a Page donde hemos recogido nuestro coche y comprado algunas cosas en el supermercado antes de seguir camino.
En primer lugar, hemos vuelto al puente sobre Glen Canyon; este sí, un cañón fluvial que habíamos cruzado poco antes de llegar a Page y nos había llamado la atención desde el coche, aunque no habíamos podido parar porque íbamos justos de tiempo. Bueno, tiene su interés, pero nos había gustado más al pasar sin parar.
Y ya sin parar hasta Tusayan, donde hemos llegado sobre las ocho y media. El hotel donde estamos es bastante bonito. Nos dan las llaves de las habitaciones y... ups, una parece estar ya ocupada. Pues sí, no sabemos qué ha podido pasar. De todos modos, nos la han cambiado por otra.
Y ya solo nos ha quedado cenar (justitos de tiempo, que a las nueve cerraban) en el mismo hotel y a dormir. Mañana veremos el Gran Cañón que hoy nos ha permanecido oculto porque ya era de noche cuando hemos llegado a él.


Comentarios
Publicar un comentario