04/04 San Francisco with a twist
Hoy Tereixa y yo hemos seguido viendo San Francisco mientras nuestros amigos trabajaban, pero de una forma un tanto diferente. He quedado con mi amigo Carlos, a quien no veía desde hace... no sé, tal vez un cuarto de siglo. Carlos y yo íbamos juntos al colegio, pero luego él se marchó a Barcelona a estudiar y acabó poco después aquí, en San Francisco. Desde que vino aquí a vivir creo que habíamos quedado una vez y ni siquiera estoy seguro de ello. Pero estas cosas tiene el Facebook, que puedes mantener el contacto con gente que está en la otra punta del mundo.
Hoy hemos desayunado un poco antes porque Carlos nos venía a buscar a las 8:30, después de dejar a sus hijos en el colegio. Y ha sido puntual. Abrazos, qué gordo estás, pues anda que tú... En fin, lo primero ha sido una vuelta en coche por la ciudad. Hemos visto algunos sitios en los que ya habíamos estado, aunque algunos de otra forma (hemos bajado Lombard Street en coche, por ejemplo), y hemos pasado por otros nuevos. Como Chinatown, que está cerca de nuestro albergue, pero aún no habíamos ido.
Luego hemos cruzado el Golden Gate Bridge en dirección de nuevo a Sausalito, pero antes hemos parado en un par de miradores. Uno de ellos, Vista Point, está nada más cruzar el puente, pero por el lado que da a la bahía. El segundo, Marin Headlands, subiendo una montaña. En este último me he hecho una foto con Carlos para que quienes lo conocéis veáis que sí, que está vivo.
Ya, el contraluz nos mata un poco. Carlos, que es fotógrafo, podía haber hecho algo para arreglarlo, pero ya veis. La culpa es suya.
Luego hemos bajado a Sausalito. Como ya habíamos estado el día anterior, nos limitamos a recorrerla un poco en coche. Con alguna bajadita en la que no sé cómo no hemos volcado de frente; a este lado de la bahía también hay cuestas importantes.
Carlos trabaja como profesor en un colegio, el St. Ignatius (o SI), que, como su nombre indica, es de los jesuitas. Carlos y yo estudiamos juntos en los jesuitas de Zaragoza. El SI es lo que aquí llaman un college-prep; es decir, un instituto de secundaria especialmente orientado a preparar a sus alumnos para la universidad. Después de volver a cruzar el puente (dato curioso: los puentes cobran peaje para entrar en San Francisco, pero no para salir), Carlos nos ha llevado por el barrio de Seacliff, con sus mansiones y vistas al mar, hasta llegar a Sunset, donde está el SI. Hoy no tenía clases hasta mediodía, pero quería ir antes por si acaso, así que ha aprovechado para enseñarnos el colegio. Jo, está bien montado. Aunque a nosotros, aparte de las instalaciones, nos ha llamado la atención la campaña electoral para las elecciones a delegados de los alumnos, con sus fotos de los candidatos, sus eslóganes y demás. Desde luego, la gente es distinta a como somos en Europa ya desde pequeños.
Y al menos a mí también me ha llamado la atención que, como siempre, los jesuitas son los rojos de la Iglesia. El colegio está lleno de carteles de apoyo a los estudiantes LGBTQ, en una iniciativa que les ha valido el enfrentamiento con el obispo de San Francisco. Estas cosas no cambian.
Hemos comido en el comedor de profesores y ya hemos dejado a mi amigo con su trabajo, mientras que nosotros hemos cogido el metro para volver al centro. En este caso, hasta el Ferry Building, donde está la central de los ferrys y también un mercado con puestos de comida. Pero ya os digo que habíamos comido, así que éramos inmunes a sus encantos. Entonces hemos empezado a recibir mensajes de nuestros amigos, que ya estaban libres, y hemos quedado en una librería cerca de Chinatown. Antes de ir al punto de reunión, Tereixa y yo hemos vuelto a subir por el puerto hasta el Pier 39, donde ella ha comprado algunos regalos y yo, hoy sí, he podido ver los leones marinos.
¿No esperabais tantos? Pues hoy no había demasiados. Los leones marinos empezaron a ir a los muelles del Pier 39 a finales de los años 80, se cree que a raíz de un terremoto. Empezó a ir gente a verlos, se convirtieron en una atracción turística y el Pier 39 dejó de utilizarse para la navegación, convirtiéndose en lo que es hoy. Al no haber barcos, cada vez fueron más leones marinos y se han contado casi dos mil a la vez algún día.
En fin, hemos acabado bajando a reunirnos con nuestras amigas, pero luego nos hemos vuelto a separar. Lorena se ha quedado en la librería, donde ha comprado algunos libros; Edurne se ha metido en una tienda de ropa, donde también se ha cogido alguna cosa; y Tereixa y yo hemos ido a una Apple Store a comprar algunos encargos... y hemos fracasado miserablemente. O eran cosas que no se podían usar en España (una tarjeta de iTunes), o se habían agotado (el nuevo iPhone SE).
En fin, vuelta al albergue y nueva reunión, esta vez también con Jose. Antes, Edurne, Tereixa y yo hemos ido a tomar una cerveza a The Brown Jug, un bar cercano con un ambiente pintoresco. Vamos, que los clientes son los mismos tipos que nos encontramos todos los días en las calles del barrio. Bastante amistosos, eso sí. Uno ha venido a darme la bienvenida a América y luego la mano, ignorando a mis dos amigas, que estaban más cerca de él. Y algunos más se han puesto a hablar con nosotros, aunque no siempre hemos sabido bien de qué.
Finalmente nos hemos juntado los cinco para ir a cenar al Jazz Bistro At Les Joulins, un restaurante francés con jazz en directo en la misma calle de nuestro albergue. Había un grupo de standards tocando y hemos cenado bastante bien para despedirnos. Sí, está era nuestra última cena en Estados Unidos.
Mañana empezamos el regreso. Tereixa y yo nos vamos los primeros, mañana por la tarde, aunque todavía no sabemos bien la hora. Ya os contaré esas cosas también mañana, desde algún aeropuerto. Ahora me voy a dormir.



Comentarios
Publicar un comentario