02/04 A vueltas por San Francisco

Hoy nos hemos dedicado a recorrer la ciudad, pero bien. Según mi teléfono, hemos caminado más de 17 km; que no es nuestro récord en este viaje (el día de Yosemite hicimos casi 25 km), pero tampoco está mal.

Y eso que hoy hemos hecho parte del recorrido en medios de transporte varios. Después de desayunar (continental incluido en el precio del hotel, pero por $1 más te hacen hasta cuatro huevos o pancakes; sí 4 por $1) hemos ido a coger uno de los tradicionales tranvías de San Francisco. Hoy día son una atracción turística, nada más; son mucho más caros que los demás transportes ($7 por cabeza), mucho más lentos y hay una cola enorme para coger uno. Cosa de hora y media hemos tenido que esperar. Pero no me negaréis que son una chulada.

No es una exposición, sino el tranvía que íbamos a usar

Este está en la plataforma que usan para darle la vuelta a final de línea. Plataforma que giran a mano cuatro o cinco operarios. Uno con mucho swag que se hacía el amo, otro con una bufanda del Athletic (el de Bilbao, sí) y otros dos o tres más.

En fin, el tranvía ha sido la primera atracción turística del día y nos ha llevado a la segunda: la calle Lombard. Que es la famosa calle que bajan los coches en zigzag entre jardineras. Os dejo una foto para que sepáis de qué estoy hablando, es una de las estampas más típicas de San Francisco.

Necesitaría haberla hecho desde más arriba para que se viera bien

El tranvía nos ha dejado en la parte de arriba, ojo. Puede que sea antiguo, pero cuesta, sube mucha. Y las cuestas de esta ciudad no son de cualquier manera. Unas cuantas son de crampones y piolet.

En fin, hemos bajado la parte zigzagueante de la calle (por eso he podido hacer la foto) y luego hemos seguido bajando por la perpendicular hasta el puerto. El también célebre Fisherman's Wharf, que, sin embargo, hemos dejado de lado porque volveremos mañana. A cambio, hemos echado a andar hacia el Golden Gate Bridge.

Que no está especialmente cerca, y eso que San Francisco no es, ni mucho menos, una ciudad tan extensa como, por ejemplo, Los Ángeles. Tiene mucho más aspecto de ciudad europea y, de entre todas las grandes ciudades estadounidenses, solo Nueva York es más densa. Aún así, ha sido una buena caminata. Y nos ha costado más de lo esperado por dos motivos:

- Parte del paseo marítimo está cortado y hay que rodear por una colina.
- Hemos pillado una carrera popular.

Bueno, lo de la carrera podía no haber sido tan grave; esperamos que salgan todos los corredores y nosotros vamos andando detrás. Pero ha resultado ser una carrera / marcha, y quien dice marcha, dice paseíto dominguero. Había algunos corredores, pero la mayoría eran personas que daban un paseo relajado. Así que hemos ido adelantando gente con alguna dificultad, porque había mucha. Pero bueno, al final se ha terminado el recorrido de la carrera y nosotros hemos llegado al puente.

Hemos llegado a la meta

Más bien, al parquecito que hay bajo el puente. Allí hemos aprovechado el buen tiempo para comer (sí, hoy nos hemos comido un bocata a mediodía, qué exceso) y hemos disfrutado un rato del sol.

Después hemos decidido volver a Castro, ya que ayer nos alejamos en seguida del meollo. Hemos ido andando, pero, en cuanto la calle se ha puesto vertical, hemos llamado un Uber. Han sido solo un par de millas las que nos ha hecho, pero con un desnivel intermedio salvaje.

Al llegar a Castro nos hemos tomado un café, hemos chupado un poco la wifi privada del mismo (nos han dado la contraseña pese a que no era para el público, qué majetes) y hemos recorrido un poco los escaparates hasta llegar al parque de la Misión de Dolores, que nos había recomendado mi amigo Carlos. Y que estaba a reventar de gente. A ver: no se estaba apretujado ni había problemas para sentarse, pero había mucha gente, sobre todo de veintitantos años o por ahí. Parece un sitio muy popular.

Parece un campus universitario, pero es un parque

Ahí Lorena ha decidido que ya había tenido bastante y se ha vuelto a casa. Los demás hemos ido a tomar una cerveza y luego a cenar a un sitio de skay rojo. Claro que todo esto era dentro de Castro, así que el ambiente y la concurrencia reflejaban la naturaleza del barrio gay de la ciudad. Como una pareja que hemos visto con el mismo modelito, pero uno rojo y el otro, dorado. El modelito consistía en una funda para el pene, o más bien una capa, porque solo les cubría la parte superior del mismo. Con la caída del sol y el viento que soplaba, no apetecía nada andar en pelotas por la calle, pero ellos Iban tan campantes, oye. No, no tengo foto, lo siento.

Y ya hemos cogido un tranvía (esta vez, de los modernos, aunque tampoco penséis que era un último modelo) y hemos vuelto al hotel. Una cervecita en el bar y ya a dormir, que ha sido un día duro. Mañana, más.

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